Carta moli

¡Voto a Dios mi Señor Romero-Nieva que me espanta la hablilla que en llegando a mis mientes, perplejo y compungido, déjame!

Y no os extrañéis que como a mi Señor os trate, puesto que ha tiempo disteis cobijo al desabrido fruto que pertinaz y obstinado sale de mi seco magín, el cual, por el atrevimiento que la madre natura consiénteme en llegando a cosechar lustros, dígole amigo, quasi calco de Don Alonso Quijano el Bueno, que bien podéis estar tranquilo por los billetes que dícenme habéis descubierto, no sin sorpresa, y que han sido remitidos por gentes que al parecer no saben, o nunca pensaron en aquesto, que la relación con el Altísimo, si ha de ser sincera en grado sumo, débase emplear la lengua materna para que Aqueste entienda que es el corazón quien engendra el sentimiento verdadero y no como aquel que cree que bástese el formular plegarias, que imitando al loro o cotorra, animal creedme que intuyo trasplantado de las Indias ha siglos, emite palabras por la su boca sin conocer la mayoría de las veces su acepción, y aunque aún siendo suyo maternal el lenguaje, créese el tenaz mortal que el resto de sus congéneres deberían ellos  obligarse ha facerlo con el suyo mesmo, y de idéntica manera, actitud aquesta que más bien infiero solamente puede ser hija de la intolerancia que infaustamente pulula desde antaño por las tierras que baña este costado del Mare Nostrum.

 Pidoos seguir por el vuestro noble camino que os trazasteis en pisar la senda del antenombrado Alonso Quijano, sin par paisano vuestro.

Quiera el Señor y su Madre, a quien los vuestros vecinos y de adopción hermanos lenguajeros, llaman cariñosamente: «La Geperudeta», al igual que concedió a sus abuelos maternos Joaquín y Ana la gracia de la esperanza y así ver colmados sus deseos en su vejez con el alumbramiento de María, que tenga el Altísimo digo, con vuacé,  la mesma consideración y que vuestro trabajo se vea recompensado con luengos años de vida, para solaz esparcimiento de todos y que así sea honra y prez del insigne pueblo de Quatretonda.

 Para que veáis que voto al Cielo y deseo que aqueste asumpto quede en aguas de borrajas, os copiaré los tres versos que añade a la fin del soneto que dedicó don Miguel de Cervantes

AL TÚMULO DEL REY FELIPE II EN SEVILLA:

Y luego, incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

 

Huid presto de cualquier sofocación u ahogo y descansad vuesa merced durante la canícula, que bien os lo merecéis!

 

¡TATE, TATE FOLLONCICOS!

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Pepe

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El professor Pepe Romero-Nieva comparteix la seua filosofia i la seua poesia des d' aquestes pàgines. Escriu, pensa i opina del món que li ha tocat viure i interpreta els fets els quasl observa des de perspectives crítiques-constructives.